lunes, 3 de marzo de 2008

Un abrazo con estilo

Se hicieron de rogar, pero acabaron apareciendo. Nos dijeron que conocían a dos, y allí que estuvimos buscándoles con cuellos empinados unos 90º hacia arriba. Y no había manera. El paisaje merecía la pena sí, pero los habitantes creíamos que más. Y enseguida un pequeño bulto con forma de saco asomó la silueta detrás de una rama. De una rama de eucalipto, para ser más exactos.
Y nos entró la risa floja y se nos abrió la boca de sorpresa. ¡Ay va! ¡Allí! Y el tío, que estuvo posando. Por un lado, por otro. Y nos miraba, a mi me dio la impresión de que nos miraba. Y cuando ya empezó a gustarse del todo, nos encontramos con otro más simpático que nos regaló un descenso de árbol y un estiramiento de brazo. Y más observaciones por su parte.
Volvimos a casa encantados con nuestra contemplación de la wild life en vivo y en directo. A pesar de que el lado wild de estos animalicos queda escondido detrás de su apariencia de oso amoroso. Y también de su aspecto eternamente adormilado, sustentado en sus 20 horas de siesta al día. Lo dicho, una suerte verlos y un cariñoso recuerdo a Mofli, aun sabiendo que las comparaciones son odiosas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A ti si que te daba yo un abrazo, pero del oso ;-)
Geni.

Wtrolks dijo...

¡¡Un koala!! Qué guay... Estoy recordando la presentación esa de marketing del yogur. Aquí lo más parecido que hay son los osos, que han empezado a salir de su hibernación. Los otros animales son los gorilovs, pero mejor que ésos no me den abrazos...

¡Sigue así dándome envidia! Xddd